lunes, 28 de mayo de 2012

LUME AO FOGO



Hay que endurecerse, pero sin jamás perder la cordura, mi buen amado señor.

Volvemos a los tiempos de vaite lavar porcona, vaite lavar, se no che chega o rio tirache ao mar.

Darle la comida y hacer la cama a un paciente no es sanidad. Es evidente que no, ilustre vidente. Sanidad, ya lo explica la RAE, es cualidad de sano, o dicho de otro modo, sanidad es un conjunto de servicios gubernativos ordenados para preservar la salud de los habitantes de la nación, de una provincia o de un municipio. Si un paciente no llega al hospital en perfecta condición de sano, habrá que cobrarle el monto de un servicio hotelero equivalente a un hotel de tres estrellas y, en su caso, señor, lo que cobra un hotel de lujo.

 La RAE no habla para nada de la sanidad de una comunidad o xunta de comuneros, luego,  nadie en esta punta de la península ibérica debía atribuirle a usted cualquier responsabilidad pos su retórica insana. Hombre, claro, también es verdad que le deberían recortar el sueldo en la misma proporción o tamaño de las asnadas que en el ejercicio de su noble cargo vuestra señoría insiste en practicar.

No consigo entender, mi señor, todos aquellos plumeros que le reprochan sin la mínima reflexión en el contenido de sus reproches. Veamos: transporte no es sanidad y además constituye un serio riesgo para el paciente que puede caerse de la maca cuando lo llevan al quirófano y del quirófano a la habitación en la que presumidamente debía haber una cama de faquir, con puntitas bien afiladas para economizar en el lavado de la ropa que usted no quiere pagar. Por cuenta del riesgo habrá que facturar una tasa de seguridad. Esa seguridad seria elevada por cuenta del riesgo que corre la vida de un paciente con trasplante de corazón que se arrime, por necesidad de rateo de los costes de higienización de las puntas, a la cama de otro paciente, contaminado, digamos, con la gripe aviaria. No se enteran esos plumeros intransigentes que la economía obtenida  en el saldo entre ingresos y gastos acabaría por reducir incertidumbre de la vitalidad del paciente, y sin pacientes, ya que la vida nada vale y sin necesidad de un manos arriba, sobraría más dinero para aplicarlo en la bolsa.

Señor mío, ¿quien en el estado de las juntas consigue gastar sin crédito? Hombre, si tiene dinero, ningún loco deja de ofrecerle crédito. Si no tiene dinero ni pajolera posibilidad de obtenerlo en el tiempo que el acreedor le imponga el pagamento del bien o servicio que quiera venderle, lo más justo, por mérito y derecho, seria penalizar el acreedor por el crimen de inducción a una compra que usted quiere tipificar como delito. Perdone-me,  mi muy estimado jefe, esta mi gran osadía de querer decir ao crego cómo se reza un pai noso en galego, pero en asuntos de consejos uno no debe quitar ni poner más de lo que hay. Así, será mejor dejar las cosas como hasta ahora fueron y evitar de botar lume ao fogo, pois as lareiras teñen boca grande e queiman-no todo.

viernes, 25 de mayo de 2012

Señora Non



Velaiqui la llave para descifrar el hieroglífico de la santa hermandad europea: el piramidal despilfarro de la usura por la más valorizada moneda del mundo en el momento presente. La hermanoarquia de la Señora Non (frau Nein, nein, nein) vende eurobonos con una ligera pérdida de 0.07 por ciento al año.  En una proyección de largo plazo, la señora Non se quedará sin un tostón de aquí a casi un milenio y medio (interés simple).

Por la misma fórmula de la simple y sagrada capitalización, el mister Raza, hoy  vendiendo deuda con el impulso que da el interés de 7 por ciento, en 14 años verá  totalmente dilapidado el ingreso de su venta.
Ahora cabe destacar quien compra Deuda y los medios que utiliza para comprarla. Tanto la señora Non, tanto el mister Raza, hoy son detentores de derechos por una riqueza fiduciaria salida de las emisiones monetarias prensadas bajo la vigilancia de sus respectivos bancos centrales.

 ¿Coste de esas emisiones?

Son (deducida la amortización de máquinas y edificios), el pan, vino y otras migallas retiradas de la cosecha local para consumo final de un pequeño número de funcionarios. Toda esa riqueza ilusoria, añadida al poder real que la ilusión produce sobre la moral, necesita una correcta administración para que el agua visto en el seco desierto no se transforme en una dura pelota de arena engasgada en el recto de la vida humana. Es precisamente por el tamaño de esa solida pelota de arena que nosotros, los administrados, conocemos los resultados y, por consecuencia, la inteligencia de nuestros gestores.

Por el poder supremo que emana del pueblo, cada pastor de ovejas tiene derecho a cuidar de la manada y a darle entretenimiento  comiendo el césped, siempre con la productiva utilidad de sacar provecho de la lana, leche y carne y mantener el césped estéticamente nivelado al gusto del gestor. Como el rebaño en condiciones de bienestar crece rápidamente, se hace necesario promover adecuada división y delegar poder a otros pastores, siempre sobre la supervisión del gestor mayor (para un determinado pasto, hoy el mister Raza, y para el otro, la señora Non, ambolosdous temporarios jefes de las respectivas bancas de melenas laníferas). Eses banqueros adquieren, en función de su lealtad al pastor mayor, cuotas monetarias de la ilusa producción de la oficina central. De ahí en adelante, el poder de cada subsidiado crece en proporción con la cuota subsidiada. Con el pasar del tiempo, el interés sobre el nada que ilusiona se hace más importante que el todo que produce, y las cosas y casos axiña se transforman al arbitrio de una legalidad indecente. Y como todo que es indecente rebaja la moral, las cabras se cubren de miedo, los cabrones invisten los cuernos y el césped pierde color en el peirao de la gloria.

La señora Non, dedicada ama de la cría del mercado norte-oriental europeo, bien conoce que la utilidad del eurobono haría rebajar el poder  del euro sobre su guarda. El mister Raza, austero tozudo, mal entiende que el brillo de su austeridad ilumina la cobija del banquero  oriental y este, por el principio de la capitalidad, no pierde oportunidad para arrancar taja de la buena disposición del mister Raza.